La dificil tarea del desarrollador de aplicaciones Android e iPhone

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El boom del desarrollador de aplicaciones android e iphone ha puesto el listón muy alto para cualquier empresa de aplicaciones android. El desarrollo y popularización de los smartphones promovido por las compañías telefónicas hasta límites insospechados, especialmente los que operan con los sistemas operativos Android e iPhone, nos ha conducido hasta este punto en el que todo el mundo está familiarizado con la nueva tecnología y asume con total normalidad la descarga y la utilización de estas nuevas aplicaciones móviles.

Esas famosas apps no son más que programas informáticos diseñados para ser ejecutados en los sistemas operativos antes mencionados. Sin embargo, lo cierto es que los entornos en los que se desenvuelven presentan unas características peculiares en lo que a aspectos legales se refieren y por eso, todo aquel que quiera embarcarse en esta singladura de crear nuevas aplicaciones para android e iphone.

Problema 1: El nombre.

Aquí hay dos opciones: optar por un nombre descriptivo de la app o romper con el lazo lógico y tirar hacia la fantasía. Cuanto más cerca estemos de la primera opción, quizás más fácil será que los potenciales usuarios descarguen el programa, pero si nuestra app tiene éxito, más difícil será diferenciarse de la competencia. Sin embargo, cuanto más cerca estemos de un nombre de fantasía, más fácil será protegerlo como marca y, por tanto, diferenciarnos de los competidores.

Problema 2: Derechos y propiedad.

De lo que se trata cuando hablamos de “proteger” una obra es de poder probar que en una determinada fecha nadie más que su autor afirmaba haberla creado. Ello hace que el Registro de la Propiedad Intelectual tenga lo que los juristas llamamos una “eficacia declarativa”, a diferencia del régimen de las patentes, donde el registro tiene “eficacia constitutiva”. En cualquier caso, para conseguir esta “protección” se puede recurrir a diferentes vías. Una de ellas es proceder a inscribir o “registrar” la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual, donde hay un formulario específico para los programas de ordenador (DOC).

Otra podría ser utilizar algunos de los recursos análogos al registro físico que hay en Internet, tales como Safe Creative o Myfreecopyright y, según como pretendamos licenciar el programa, se podrían usar también iniciativas como Creative Commons o la española COLORIURIS. Y hay más posibilidades, como por ejemplo depositar la obra ante notario o incluso mandarla por correo certificado a uno mismo y guardar el sobre sellado que se reciba sin abrir. En fin, son muchas las maneras por las que podríamos probar ante un juzgado que nosotros somos el autor de la aplicación con anterioridad a la fecha que el eventual usurpador defienda.

En la siguiente noticia continuaremops con más problemas y consejos para resolverlos.